No molesten, por favor...

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martes, 16 de junio de 2026

 El Papa, el fútbol y las artes marciales

Ya sabéis que apenas veo la televisión. Pero hace unos días me atreví a ponerla durante un rato. Incluso vi un noticiario completo. Una vez más, me impactó. Una vez más, no sabía si reír o llorar. Parafraseando y siguiendo al poeta romano Juvenal (difficile est satiram non scribere), finalmente decido sentarme y escribir unas reflexiones. Las dividiré en tres apartados y una conclusión final.

A.- Su Santidad el papa León XIV ha venido de visita oficial a España. Es recibido con honores de jefe de Estado. Parece ser que ser el Vicario de Cristo (¡ahí es nada!) le otorga este tipo de privilegios. Salen a las calles del país cientos de miles de personas para intentar verlo, escucharlo o incluso tocarlo. Es recibido por el Parlamento en pleno, donde pronuncia un gran discurso. Da igual lo que diga, porque está garantizado que todos le van a aplaudir, puestos en pie, durante durante todo el tiempo que él siga en la tribuna. Durante la visita -que dura alrededor de una semana- no se escatima en gastos. Para cosas como esta el presupuesto es casi ilimitado: se gastará lo que haga falta. Todos quieren hacerse una foto con él. Todos parecen estar de acuerdo con sus mensajes. Todos le hacen reverencia. ¿Será verdad que tiene hilo directo con Dios? Hay que llevarse bien con Dios, porque cuando se enfada tiene muy malas pulgas. El Libro Sagrado -ese que recoge toda la verdad- nos da cuenta de hasta dónde puede llegar la cólera de Yaveh.


Si esta visita hubiera tenido lugar hace varios siglos podría comprenderse tanto seguimiento, tanto alboroto. Pero ya hace bastante tiempo que cualquier persona inteligente debe tener claro que los dioses no existen: ni los dioses egipcios, ni los griegos, ni los del hinduismo, ni los de ningún libro sagrado, llámese Torá, Evangelio o Corán. Y debe tener claro que los líderes religiosos -todos- no son más que unos charlatanes que se aprovechan (¡y muchas veces de qué formas tan vergonzosas!) de la ignorancia y del miedo de las gentes.

He de decir que comparto en gran medida el lado social y pacifista de los mensajes que León XIV ha dado en este viaje. Y le agradezco que la cúpula de la Iglesia de hoy ofrezca ese discurso sin fisuras. Pero quiero también decir que se pueden defender los derechos humanos, los derechos de los inmigrantes y la paz en el mundo sin necesidad de parafernalias ni de símbolos religiosos. Puede hacerse desde el laicismo y desde la razón. Es más barato y más presentable intelectualmente hablando. Creer y hacer creer en dioses es creer y hacer creer en fantasmas. ¿O acaso no...?

B.- Hace unos días empezó la Copa Mundial de Fútbol. Para un espectáculo tan absurdo como inútil como este, el presupuesto económico destinado es también casi ilimitado. En esta edición son 48 los equipos -en representación de 48 países- los que van a enfrentarse para ver cuál de ellos introduce más veces la pelota en las porterías de los contrarios. Para poder participar, es necesario ser miembro oficial de la FIFA, una asociación de carácter mafioso que tiene casi todas las puertas del mundo abiertas para entrar y robar -hurtar- lo que necesite.


Hace ya décadas que el deporte de competición me parece algo incompatible con el bienestar individual y colectivo. El deseo de vencer a los rivales, de superarlos, de ser el mejor del patio de recreo, de recibir la medalla y la gloria me parece algo propio de mentes simples y emocionalmente pobres, que necesitan recibir el aplauso y la admiración de un público que con frecuencia paga para verlos; o quizá puede que también sea una manera de ganarse la vida con alguna actividad, o incluso de intentar hacerse millonario. Puede que haya un poco de todo esto junto. Y lo puedo llegar a comprender. Pero no es -no debe ser- para tanto alboroto.

Pero cuando ese deporte de competición va unido a la bandera y al prestigio de un país, entonces ya estamos ante algo más peligroso. Yo definiría "país" como aquella entidad jurídico-política que tiene (o que aspira a tener) unas fronteras, un ejército para defenderlas, unos símbolos inviolables, unas leyes de extranjería (que determinen quién es legal y quién es ilegal dentro de los límites del territorio), una raíces mitológicas hundidas en algún momento del pasado y un deseo de continuar existiendo como entidad jurídico-política (y, si puede ser, de existir con tendencia a crecer y a expandirse). En este concepto de país entrarían todos los participantes en el campeonato de fútbol en curso, desde Estados Unidos y Alemania hasta Cabo Verde o Curaçao. Pues bien, si agitamos el cóctel deporte + patriotismo nos da como resultado algo tan lamentable como la ceguera mental, la vacuidad intelectual y una excusa para salir a la calle y demostrar sin miedos y sin complejos lo tonto y lo salvaje que puede llegar a ser un individuo o una colectividad.

C.- Para celebrar el 80 cumpleaños del presidente de los EEUU (hombre que recordemos ya ha sido nominado varias veces para el Premio Nóbel de la Paz... )se ha organizado un combate de "artes marciales mixtas" en algún jardín de la Casa Blanca. Para no repetir aquí lo que ya otros han contado muy bien, me remito a la película Idiocracia (2006), sátira que trata con acierto el proceso de embrutecimiento colectivo. 

Por supuesto, no he visto las imágenes del combate, pero sí que he leído por internet algunas reseñas y he visto alguna que otra foto. Como era de esperar, la pelea resultó algo tan brutal y vomitivo como una lucha de gladiadores o un torneo medieval; o como una pelea de gallos, o una pelea de perros o una corrida de toros, esos espectáculos donde el homo sapiens involucra a unos pobres animales que han tenido la mala suerte de caer en las manos de unos idiotas obsesionados con convertirlo todo (desde la vida económica hasta el entretenimiento) en lucha, sufrimiento y competición. 


En el caso de Ilia Topuria, el Gobierno español (tan progresista, tan  humanista) le concedió hace unos años la nacionalidad por carta de naturaleza. Los motivos estaban claros: Topuria era un individuo que daba hostias y patadas mejor que nadie, habiéndose convertido en un "deportista de referencia mundial". He de añadir aquí que el propio Topuria en torno a 2024 manifestó en varias ocasiones su fe en Dios y su deseo de ser recibido por el papa Francisco, para presentarle sus respetos y su cinturón de la UFC. Para llevar a cabo este deseo, contaba con el apoyo de varios importantes periodistas deportivos españoles, que le prometieron mover los hilos necesarios. La enfermedad y la muerte de Francisco impidieron que un encuentro tan piadoso se produjera finalmente.

Abundando en el papa Francisco, recordemos que en más de una ocasión (en particular con motivo de los JJOO de París 2024) afirmó en público que "el deporte es un lenguaje universal capaz de romper barreras, tender puentes de paz y fomentar la fraternidad". Reconocía asimismo con frecuencia que él era aficionado al fútbol e hincha de un equipo de su país . Parece ser que ser el Vicario de Cristo no le impide decir tonterías ni estar en el lado de la historia  que todavía no ve más allá de sus narices.  Lo mismo le pasa al 90% de los gobernantes, de los intelectuales y de los profesionales de la información. (No obstante, en descargo de estos últimos he de decir que ellos viven de vender noticias y que a tal efecto necesitan presentar a sus eventuales "compradores" propuestas atractivas y que tengan tirón a nivel comercial. Pobre mundo este, donde todo está mediatizado por el dinero. (Confieso que tengo -un poco de- esperanza en  que la IA aporte algo de "inteligencia" a este mundo...) 

D.- A modo de conclusión, diré que con tristeza sigo observando que nunca parece haber recursos económicos suficientes para hacer frente a problemas tales como el hambre, la cura de enfermedades, la escasez de vivienda, etc. Y, sin embargo, sigo observando que los presupuestos para fabricar armas, organizar eventos deportivos, recibir al Papa o intentar la idiotez de enviar una nave tripulada a Marte son siempre más generosos. Hace poco leí que un informe de la ONU afirma que un 4% del presupuesto global de defensa sería suficiente para solucionar el hambre -la hambruna- que sufren muchas regiones del planeta. ¿Debo sentir orgullo o decepción de pertenecer a esta familia, la familia humana?

Aquí lo dejo. Cuando pasen unas semanas volveré  atreverme a sentarme delante de la televisión e incluso veré un noticiero completo. Pero intentaré no volver a impresionarme. Está todo tan claro...