No molesten, por favor...

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viernes, 28 de agosto de 2026

 Cachitos de  alma

Reflexiones tras una vuelta por el campo

1.- Finales de agosto. Un pueblo de Jaén. Salgo a dar un largo paseo. La mañana es fresca. Como me sucede a menudo, me es casi inevitable pensar, filosofar, sentir, preguntarme... ¿Qué nos queda; qué me queda...?


2.- Para empezar, me viene la idea -que no me está de más recordar, aunque sea de vez en cuando- de que en la naturaleza todo lo que nace muere. Cualquier ser vivo, por muy bien que se adapte al medio, por muy buenas que hayan sido sus circunstancias vitales, incluso aunque haya podido con fortuna escapar de accidentes o catástrofes naturales, acabará por desaparecer. Incluso las estrellas dejarán de brillar en algún momento.

3.- La vida en general, la existencia de todas las cosas, incluso el discurrir del mundo (ya sea en parámetros geológicos o puramente históricos) no es más que una sucesión de acontecimientos sobre los que apenas podemos influir. Una rueda que no para de girar, en la que, continuamente, unos llegan y otros se van.

4.- En el ámbito específico del ser humano (dotado en principio de un nivel mayor de conciencia) un sinfín de corrientes filosóficas y religiosas han tratado y tratan de ofrecer respuestas y consuelo. En lo que a mí se refiere, todos esos esfuerzos han sido inútiles. Ni siquiera la ciencia más avanzada me podrá dar nunca respuestas a una serie de "últimas preguntas". Prefiero aceptar que no soy más que una pequeña gota en un océano inmenso.

5.- Decía León Tolstoi que la madurez personal no nos llega con la edad y con el paso del tiempo, sino que solo nos llega cuando somos capaces de prescindir de aquellas cosas que alguna vez nos parecieron imprescindibles. Debo de estar madurando, porque desde hace unos quince o veinte años noto que cada vez necesito menos para sentirme bien. Me basta con un minimo de paz mental, algún recuerdo, el contacto con la naturaleza, algo de poesía...; y con tratar de aportar algún granito de arena para un mundo mejor (que para mí es un mundo que tienda a la paz y a la justicia social).


6.- Sé que he tenido mucha suerte de poder llegar a cumplir los sesenta años. He podido escapar de enfermedades graves y de accidentes fatales. No obstante, no pude escapar de la angustia y de la depresión, que me acompañaron durante muchos años, en los que sufrí mucho y en los que la idea del suicidio pasó muchas, muchas veces por mi cabeza. Hace ya años que pude superar todo aquello y me siento como si, después de haber experimentado y aprendido una serie de cosas, hubiera vuelto a nacer. 

7.- Siendo todavía joven dejé de creer en dioses, en videntes y en explicaciones sobrenaturales, y fui aceptando -sin fisuras- la inevitable caducidad de la existencia. Por otro lado, poco a poco (y como nos suele suceder a casi todos) los recuerdos de infancia y juventud vienen a mi mente con más frecuencia. Una melodía, un olor, una sensación, un lugar, una frase... Es seguramente una forma de intentar atrapar el tiempo, de que no se nos escape la vida del todo, de volver a sentir algo que un día nos hizo sentir un poco de felicidad.

8 - Hace un par de años decidí que me jubilaría lo antes posible; y elegí en qué sitio quería terminar mis días. El lugar elegido es Huesa, origen de la familia, en el sureste de la provincia de Jaén, ese pueblo " donde no he nacido, pero al que sé que pertenezco". Es aquí donde mejor he apreciado siempre el paso del tiempo, el cambio incesante de las cosas, las idas y venidas del destino. Y es también aquí donde mejor puedo intentar atrapar un poco el tiempo. Hoy mismo, en mi paseo de la mañana, camino del puente de los Royos, he pateado viejos senderos, he vuelto a escuchar el constante rumor del agua del riachuelo que desciende hacia el Guadiana Menor, he vuelto a sentir la cercanía de parras, higueras, almendros, granados, pinos... y olivos, claro. Y no ha faltado el encontrarme y charlar con un par de viejos conocidos.

9.- Termino aquí ya estas reflexiones. Hoy, una vez más desde que estoy en este mi retiro, he tenido la dicha de poder atrapar un trocito de tiempo, un trocito de vida; a la vez que soy muy consciente de la razón que llevaba Juan Ramón Jiménez cuando escribió aquello de "...Y yo me iré, y se quedarán los pájaros cantando..."


(Fotos tomadas hace unos años en Huesa)