No molesten, por favor...

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martes, 24 de marzo de 2020

REFLEXIONES AL HILO DEL CORONAVIRUS

   Hacía ya tiempo que no escribía en este blog. Pensé incluso en no añadir ningún artículo más. Pero con la crisis global producida por el coronavirus -siendo más precisos, por el COVID-19- y, tras observar durante un par de meses las reacciones de ciudadanos, gobiernos, profesionales de la salud, corrientes de opinión, etc, voy sacando algunas conclusiones que me gustaría poner por escrito. Y lo hago sabiendo que es probable que "lo peor esté todavía por llegar" y que, por tanto, muchas de estas reflexiones podrían parecer descabelladas según vayan sucediéndose las próximas fases de la pandemia.

   Yo nací en España en 1965; es decir, nací en un país "del norte" que se encontraba "en vías de desarrollo". Con esto quiero decir que no he pasado hambre y que, además, he tenido la suerte de no verme en medio de ningún conflicto armado. Cierto que he visto llegar y pasar un buen puñado de "crisis económicas" y que he seguido por los medios de comunicación un número excesivo (siempre es excesivo) de conflictos armados que se desarrollaban en distintos puntos del planeta. Pero nunca he visto nada como la alarma y la lucha actual del mundo ante el COVID-19. Y, al igual que hacen casi todos los ciudadanos, observo con interés la evolución de los acontecimientos. 



   Sin perjuicio de dar todo mi apoyo y cumplir las medidas tomadas por las autoridades, sigo pensando que la cobertura mediática que, desde su inicio, está recibiendo el coronavirus es excesiva para el grado de prevalencia que muestra la enfermedad. Por más que sean cifras altas -y muy preocupantes- las de los afectados y muertos, siguen siendo muy bajas en comparación con las cifras que ocasionan habitualmente otras enfermedades infecciosas (tuberculosis, malaria, gripe común) y los conflictos armados en el mundo. Y, sin embargo, el tiempo dedicado a estas otras "plagas" es 100 veces menor. ¿Por qué sucede esto? No lo sé. Quizá algún día pueda alguien explicármelo, aunque el hecho de que la pandemia afecte en gran medida a los países "ricos" sin duda influye en la importancia que se le está dando.

   Pero no es ese el objetivo de este artículo. Porque lo que intento con estas líneas es poner por escrito lo que voy observando en relación a las tendencias que se van produciendo en distintos aspectos: políticos, económicos, sociales, medioambientales, ideológicos e incluso éticos. Y es que podría ser que estuviéramos creando las bases para "un mundo mejor". Y puede que esas bases sean sólidas, sin derogación posterior de los avances adquiridos, como desgraciadamente ha ocurrido en estas últimas décadas con muchos derechos sociales. 

   Es decir, lo que no consiguieron los filósofos, las revoluciones, el movimiento obrero, las décadas de comunismo real, las guerras (mundiales y locales, "frías" y "calientes"), las diversas "crisis del petroleo", las frecuentes "caídas de las bolsas", el cambio climático y otras muchas enfermedades en forma de pandemias, puede que lo consiga la reacción global ante el coronavirus. Me explico.

     Trataré de ser breve y me limitaré solamente a 3 aspectos. Y así, entiendo que son realidades objetivamente constatables las siguientes:

1.- La caída en el crecimiento económico está permitiendo observar una mejoría notable en el medio ambiente del planeta. Es decir, es evidente que una caída de la producción y del consumo mejorará las condiciones medioambientales. Por otra parte, la mayoría de los ciudadanos de los países ricos empiezan a darse cuenta de que se puede vivir perfectamente sin necesidad de consumir tanto. ¿Nos acordaremos de esto cuando pase la crisis...?

      


2.- Los poderes públicos, los estados, por medio de las autoridades políticas que gestionan el interés general, son -y serán- los encargados de tomar las medidas que vayan siendo  necesarias en cada momento. No se está escatimando en gastos. Se ha establecido una "economía de guerra": todo estará al servicio del bien común y todos han de colaborar. Sin fisuras. Todo esto puede verse en medidas tan fuertes de planificación económica como las tomadas por gobiernos declaradamente "neoliberales" como los de EEUU y Alemania. (En este último caso, incluso se ha renunciado ya a la sacrosanta idea del "déficit cero". Ahí es nada.)

   Es más, cuando dentro de un tiempo pase la crisis sanitaria, las economías del mundo van a quedar tan tocadas que solo las inversiones públicas y la planificación económica podrán hacer frente al desastre. A tal efecto, los bancos centrales inyectarán a la economía cuando dinero haga falta, el cual se destinará a los sectores que se consideren más necesarios. Y el destino y la gestión de ese dinero habrán de ser controlados por el estado. Habrá de darse cobertura social a todos los nuevos desempleados. E incluso, por fin, es posible que se aborde la posibilidad de repartir de alguna  manera el trabajo. Y también es probable que se hable de extender el "trabajo desde casa" en la medida de lo posible. Veremos qué pasa en ese futuro.


  Es evidente que el coronavirus ha llegado en un momento en el que el capitalismo se encontraba en un callejón sin salida, al borde de una nueva -y quizá definitiva- recesión. Es, pues, muy conveniente replantearse qué sentido tiene que unos pocos acumulen gran parte de la riqueza y por qué se ha de permitir que existan los "millonarios", en un mundo en el que los recursos son limitados y la población no para de crecer. En en este sentido, creo -y espero- que el dinero habrá de tener una función distinta a la que todos conocemos y padecemos, en ese proceso histórico repetitivo en el que ha acabado siempre acumulado en manos de unos pocos.

  De esta forma, espero que la mayoría de la ciudadanía empiece a aceptar que el interés de la colectividad ha de estar siempre por encima del beneficio individual. Es decir, se pondrá en práctica alguna forma de "socialismo". Cierto que se llamará de otra forma, que se acuñará otro término para nombrarlo (con palabras cercanas a las ideas de "solidaridad, "fraternidad social", "colaboración", "cooperación"...). Cierto que tendrá otra simbología. Pero será algo en la línea del socialismo. La "mano invisible" de  la que  hablaba Adam Smith no tiene capacidad para remontar esta situación. 

3.- El Secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha pedido un "alto el fuego general" en los diversos conflictos armados que asolan nuestro planeta. Se trata de "unificar esfuerzos" para luchar contra la actual pandemia, que ha de ser considerada como el verdadero enemigo que tiene hoy la humanidad. En su comunicado, se aclara que la pausa en los combates "ayudará a crear corredores para suministrar ayuda vital, abrirá oportunidades para la diplomacia y permitirá llevar esperanza a los lugares más vulnerables al COVID-19". 

   Las palabras del Secretario General de la ONU suenan a gloria bendita a los oídos de un terco pacifista como yo. Quizá muchos empiecen a ver que ningún conflicto armado puede traer la paz, que los problemas solo se solucionan llegando a acuerdos y que los grandes -y casi únicos- beneficiarios de una guerra son los fabricantes y vendedores de armas.


  Para terminar, he de aclarar que quien suscribe estas líneas no explica la realidad y el comportamiento de los individuos y de las colectividades en base a "ciencias" tales como la filosofía, la política, la religión o el derecho positivo. No creo en "buenos y malos" ni en que los "ajustes de cuentas" sirvan para nada. Porque para mí todo tiene una explicación -y una solución- científica. Es decir, son la biología, la química y las teorías del aprendizaje (y del "desaprendizaje") las ciencias que explican el comportamiento. Naturalmente, eso no quita que todo haya de encauzarse, en la práctica, mediante la elaboración de planes sociales y de leyes aprobadas por los representantes políticos. Por supuesto. Pero quería aclarar dónde me sitúo ideológicamente: me sitúo al lado de la explicación científica de  la realidad, al lado de la racionalidad. 

   Aquí lo dejo. Quizá soy demasiado optimista. Ya se verá. Pero tengo esperanza en que la tragedia del coronavirus permita abrir algunas puertas a nuevas visiones de la realidad y a un mundo mejor.





   

   

miércoles, 7 de marzo de 2018

     CON OCASIÓN DEL "DÍA DE LA MUJER"

 Hoy es 8 de marzo. Son las 7 y 40 minutos. Me siento en el ordenador. Me dispongo a publicar en mi perfil de Facebook una breve reflexión de dos o tres líneas con ocasión de este nuevo Día Internacional de la Mujer. Pero pronto me doy cuenta de que necesito un poco más de espacio. Porque son varias las reflexiones que quiero hacer. Trataré de ser breve. Lo haré de manera esquemática.

1.- La naturaleza ha querido que todos seamos distintos. Pero la razón y la justicia exigen que todos seamos iguales en derechos. Y en el largo camino por lograr esa igualdad de derechos, es aconsejable que determinados individuos y determinados colectivos se beneficien, al menos de manera temporal, de una discriminación positiva.

2.- No estamos ante una lucha de hombres contra mujeres. Porque lo cierto es que hay muchos hombres que apoyan la lucha de las mujeres en la defensa de sus derechos. Y hay también muchas mujeres que, debido a razones psicológicas y culturales, de manera consciente o inconsciente, colaboran en la represión del avance de la mujer.

3.- Son muchos los enemigos que las mujeres han encontrado y encuentran a lo largo del  camino. Desde el principio de los tiempos. Y es triste constatar que, incluso hoy, en países aparentemente civilizados como los que forman parte de la Unión Europea, entre los grandes "enemigos" de los derechos de la mujer se encuentran los siguientes: los legisladores, los jueces y magistrados, los fiscales, los dirigentes religiosos y los dirigentes culturales. No todos y no siempre. Pero sí muchos de ellos y muchas veces.

4.- Algunos hombres (y algunas mujeres) se han rasgado estos días las vestiduras ante la idea de una "huelga" en el día de hoy. Esta huelga está prevista en más de 40 países de todo el mundo. Mi opinión es que, puestos a ser justos y puestos a intentar poner fin a esta vergüenza que yo llamo maltrato a la mujer, la huelga debería durar 20 años. Y me quedo corto. Quizá algunos, por fin, se enterarían de qué va esto.




5.- Insisto en que todos somos diferentes (afortunadamente) y que la igualdad no hay que buscarla de manera obsesiva, sino con todos los matices que exige la sabiduría y el equilibrio. Pero, desde luego, una sociedad no puede autoproclamarse "civilizada" mientras los maltratadores siguen en la calle y mientras las mujeres ganan un 20 o un 30% menos por hacer el mismo trabajo que sus compañeros.  Por no hablar de la explotación sexual y del acoso laboral. Y de muchas otras vejaciones, ante las que el legislador parece "mirar para otro lado". 

6.- Es evidente que el movimiento feminista puede incurrir (y de hecho incurre a veces) en contradicciones y excesos. Esto le ocurre a todos los movimientos políticos y culturales. Porque toda creación humana es, por definición, imperfecta. Y porque la realidad es muchas veces muy compleja. Pero no por ello le falta la razón en sus planteamientos y en sus exigencias. Desde luego, cuenta con todo mi apoyo. Porque aquí queda mucho por mejorar. Y no es de recibo hacer como que "aquí no pasa nada" y que todo el ideario feminista es sólo una "exageración". Aquí pasan muchas cosas y hay que solucionarlas. Y ya. 

    Lo dicho. Me sumo al espíritu reivindicativo de este 8  de marzo. No puede ser de otra manera.

lunes, 1 de mayo de 2017

   SOBRE EL "PRIMERO DE MAYO"

   Hoy es el día 1 de mayo. Lo podemos poner en mayúsculas y decir que el Primero de Mayo es el  Día Internacional del Trabajo en casi todo el mundo. Ni que decir tiene que me sumo al carácter reivindicativo de las peticiones para la mejora de las condiciones laborales y de vida  de los trabajadores de todo el mundo. Por supuesto. Entre otras razones, porque para la gran mayoría de los trabajadores del mundo, su único derecho es que hoy sea fiesta. Y algunos no tiene ni eso. Pero dicho esto, he de añadir algo más. 

    Es evidente que las ideologías tradicionales no sirven para avanzar hacia un mundo mejor. Ni siquiera las que se autodenominan "de izquierdas". Es como si la ceguera se hubiera apoderado de todo el planeta. Hasta la izquierda defiende lo mismo que la derecha. La consecuencia es la perpetuación de la esclavitud y del esclavismo. Y no sólo entre la clase trabajadora. También los "autónomos" son esclavos. E incluso los empresarios son esclavos de un sistema que les obliga a estar siempre compitiendo contra todos los demás. 


  En efecto, nadie pone en tela de juicio nada: Todos dicen sí al nacionalismo, a las fronteras, al armamentismo. Todos dicen sí a la competitividad, a la propiedad privada, al dinero como instrumento imprescindible en las relaciones sociales. Todos dicen sí al individualismo y al triunfo personal . Todos dicen sí al crecimiento continuo, a la producción sin límite, al más, más y siempre más. Como mucho, los partidos más "progres" defienden que se den subvenciones (siempre en dinero) a los más desfavorecidos. Pero no se pone en tela de juicio nada. 

     El resultado es el que vemos a diario en los noticieros: miseria, esclavitud y atrocidades aquí y allí. Sólo la obra de los poetas y de los artistas y la belleza que la naturaleza nos ofrece impiden que la sensibilidad se suicide. La inteligencia colectiva está en el cubo de la basura. La razón y el raciocinio han sido  fusiladas en el paredón  de la ignominia. La necedad y la estulticia al poder. Y así, hasta que todo reviente. El día de Navidad se celebra una fiesta y el día 1 de mayo otra. Y aquí no ha pasado nada.

    El que estas líneas suscribe tiene muchos defectos. Pero tiene al menos una virtud: la del optimismo. En efecto, ya hace décadas que nuevos movimientos sociales y éticos sientan las bases de un mundo nuevo. Apenas se notan, pero están ahí. Y triunfarán. Porque una de las principales razones que animan a luchar por la existencia es tener claro que la razón vencerá a la ceguera y que la belleza vencerá a la crueldad. Un mundo en el que frente a la fuerza se usa la razón, frente a la ignorancia se opone el conocimiento y en el que frente a las  fronteras se coloca la fraternidad. Un mundo donde todos saben que cooperar es mejor que competir. Un mundo en el que ni siquiera se necesita el dinero, porque se sabe que en un mundo regido por la sabiduría, el dinero no es más que un papel que no sirve para nada. 

  Feliz día festivo a todos.

jueves, 6 de abril de 2017

    SOBRE LAS "LEYES DE LA GUERRA"

   En los distintos noticieros del día de hoy en España se han repetido varias veces tres noticias. Por un lado, la conmoción que ha causado el uso de armas químicas en Siria,  hasta el punto de que el Consejo de Seguridad de la ONU se ha reunido con carácter de urgencia. Por otro lado, el caso de un bombero de Bilbao que se ha negado a ayudar al embarque de armamento destinado a Arabia Saudita, alegando motivos morales, toda vez que él era consciente de que esas armas iban a servir para causar muertes civiles en Yemen. Finalmente, ha habido un par de menciones a la falta de ayuda a los refugiados que huyen de los conflictos de sus países de origen.

 Como es habitual en estos casos, distintas organizaciones humanitarias y de apoyo a los derechos humanos han manifestado su preocupación. Todo esto está muy bien. Pero vamos a ver si aclaramos algunas cosas, porque algunos siguen sin enterarse. 

1.- Las armas químicas matan. Y son una aberración y una salvajada. No hay duda. Pero también matan las armas convencionales. Como también es obvio que las armas nucleares también matan. De hecho, el 99% de las víctimas de los conflictos armados las causan  las armas convencionales. Sin embargo, no ha sido hasta hoy, cuando el uso de armamento químico ha causado varios decenas de muertos, cuando algunas organizaciones finalmente han hablado. Parece que los otros miles de muertos no tienen importancia. Se consideran quizá como simples "daños colaterales" de conflictos "inevitables". (¿De verdad son "inevitables"? Ese es otro tema que da para otro artículo).

2.- Las armas que se venden a Arabia Saudita matan civiles. No hay duda. Pero también matan civiles las que se venden a Filipinas, a Nigeria y a Perú. Y a todos los demás países del mundo. Y también las que se venden a grupos "insurgentes" y terroristas. Todas las armas sirven sólo para una cosa: para matar y destruir. A civiles y a no civiles. 

3.- Los refugiados necesitan ayuda. No hay duda. Pero también necesitan ayuda los millones de seres indefensos que no han podido salir de sus países y que cada día ven cómo se descargan  sobre ellos miles de proyectiles y de bombas de todo tipo. 

    Señores dirigentes de las organizaciones humanitarias, de las ONG, de las asociaciones de derechos humanos, de partidos políticos "progresistas" y no progresistas, señores periodistas, señores ciudadanos en general: A ver si abren los ojos de una vez. ¿O es que no tienen ustedes capacidad para ver más allá de sus narices? Ya está bien de hablar de las "leyes de la guerra", porque dan ganas de reír. Esas que prohíben bombardear un hospital o atacar durante la "hora de la siesta", pero que legitiman ametrallar al "enemigo", siempre que se haga de acuerdo con el articulado del convenio en vigor. Esas que prohíben usar no sé qué tipo de gas tóxico, pero que no impiden lanzar miles de misiles sobre todo tipo de seres humanos hasta masacrarlos. 

   Los convenios de Ginebra sobre prisioneros y heridos de guerra, los distintos protocolos (también de Ginebra) sobre armas químicas y todas las demás "leyes de la guerra" no son más que una estupidez propia de la estulticia del ser humano, que pone el grito en el cielo porque se ha violado tal o cual artículo, pero que ve con normalidad cómo se descargan miles de bombas sobre poblaciones inocentes, siempre y cuando se haga de acuerdo con las "leyes de la guerra"...
  
    Algunos dirán que digo tonterías. Que soy un inadaptado. Porque todo el mundo sabe que vender tres gramos de marihuana es un delito. Pero fabricar y vender armas es un negocio perfectamente legal...Y las leyes hay que respetarlas...



sábado, 21 de enero de 2017

 OBAMA, TRUMP Y EL LIBRO DE HISTORIA

  Tengo claro que la gran mayoría de los gobernantes del mundo no son más que títeres cuyos hilos son manejados por los potentados y millonarios del mundo. El invento de la democracia sólo sirve para dar apariencia de "legitimidad" a esta realidad. A fin de cuentas, los discursos populistas arrastran con facilidad a las masas y se consigue, sin ningún problema, que salgan elegidos candidatos que presentan propuestas del tipo "bajar el salario mínimo" y "eliminar seguros médicos" gracias, en gran parte, al voto entusiasta de los trabajadores peor pagados y de los desheredados más necesitados. Basta para ello con gritar cuatro medias verdades, difundir siete mentiras y hacer uso del siempre efectivo recurso del sentimiento patriótico. Todo esto, al igual que el síndrome de Estocolmo, tiene una explicación psicológica. Y tiene también una cura después de una adecuada terapia. Pero no es ese el objetivo de este artículo.

   En efecto, escribo estas líneas para dar las gracias a Barack Obama. Porque aunque él también ha sido un títere, al  menos ha intentado llevar a cabo una serie de pequeños gestos para un mundo mejor. Una sola persona no puede cambiar el mundo. Ni siquiera puede cambiar determinados aspectos de su propio país. Pero sí puede crear un ambiente positivo y realizar pequeños gestos que permitan a los pueblos avanzar en una determinada dirección. En la dirección de un mundo un poco mejor que el que él recibió. Obama ha representado el lado más amable de la política estadounidense. Hombre equilibrado, sensato, respetuoso, partidario del diálogo con las demás naciones del mundo y defensor de los derechos sociales en su país. Hombre preocupado por conseguir proteger el medio ambiente, por avanzar en la lucha contra cualquier forma de violencia y por superar prejuicios racistas. Al menos lo ha intentado. Sus logros han sido escasos, porque la oposición a sus proyectos ha sido muy, muy  fuerte, dentro y fuera de su país. 

   Quienes  me conocen saben que yo soy un antisistema. No lo puedo evitar. Por más que la palabra suene fuerte, ser un antisistema significa que lucho (usando como única herramienta la palabra y el ejemplo) por un mundo sin armas, sin guerras, sin millonarios, sin hambre, sin esclavitud, sin ataques al medio ambiente... Un mundo en el que el uso de la razón permita al ser humano prescindir de inventos tan absurdos como el dinero y la competitividad. Alcanzar algo parecido a esa sociedad ideal es, a día de hoy (y lo será durante muchos siglos), una utopía. Lo sé. Pero, como reza el dicho, todos los caminos, incluso los más largos, empiezan por un primer paso. Y Obama podía ser muy bien ese primer paso. Por eso reitero mi agradecimiento a su labor.

    Desgraciadamente, le sucede en el cargo la otra cara de la moneda, el Sr. D. Trump. En efecto, Trump representa el lado más despreciable de la clase política de su país. Ni siquiera era querido en el ultraconsevador Partido Republicano. Un  millonario excéntrico que hace gala de un discurso racista, machista, antisocial, ultranacionalista, imperialista, antiecologista... Gana las elecciones con el voto de muchos de aquéllos a los que él va a perjudicar directamente. El discurso del miedo ha vuelto a surtir efecto. El mundo es así. Los ricos se frotan las manos y se ríen. Van a ser todavía más ricos y ello a costa de la riqueza de la colectividad. Una riqueza que ya estaba bastante depauperada, pero que va a ser esquilmada todavía un poco más. Y todo ello legalmente. Es en momentos como este cuando me replanteo si algunos aspectos de la democracia deberían ser repensados...

    Dos detalles más. En primer lugar, decir que, pese a todo, al Sr. Trump hay que darle el margen de esperar hasta ver cuáles son las medidas reales que adopta a lo largo de su mandato. Por los menos hay que concederle algunos meses de "cortesía". Tengo la esperanza de que no cumpla muchas de las "amenazas" que ha prometido. Y puede que incluso adopte alguna medida sensata. Ya se verá.

  Y en segundo lugar, que quede claro que los idiotas que ayer (aprovechando las manifestaciones que tuvieron lugar a lo largo y ancho de los Estados Unidos contra el Sr. Trump ) se dedicaron a causar destrozos y  a enfrentarse a la policía, esos idiotas, repito, son el mejor aliado que tienen políticos como Trump, ya que les permite a estos políticos usar el mensaje de que cualquier postura que no sea el "orden" que ellos proponen significa apoyar el caos.  Y decir que a esos idiotas yo los detesto todavía más que al Sr, Trump. Que ya es decir. Ni con uno ni con otros iría yo a ningún sitio. Muchas veces es mejor estar solo.




sábado, 26 de noviembre de 2016

   FIDEL CASTRO: ¿HÉROE O VILLANO?

   Fidel Castro ha muerto. Personaje amado y odiado por igual. Pero, indudablemente, pocos hombres han dado tanto que hablar como él. Creo que bien merece unas líneas en este humilde blog.

  Fidel Castro estuvo al frente de una revolución guerrillera que derrocó a un dictador latinoamericano. Una historia muy recurrente a lo largo del siglo XX. Poco original. Lo original hubiera sido hacer la revolución sin pegar un tiro. Pero eso era mucho pedir. Aparte de Gandhi y algún que otro visionario, en los años 50 la humanidad no concebía todavía la posibilidad de una revolución pacífica. Y es una pena. Porque la revolución pacífica será la única que, de verdad, venza y dure para siempre. 


   Fidel Castro luchó contra la injusticia social, contra la miseria, contra el analfabetismo, contra el imperialismo... Incluso (y lo añado en mi condición de convencido esperantista) se declaró públicamente defensor del esperanto. En principio, con estos ideales, alguien como yo, que he declarado abiertamente en numerosa ocasiones ser un antisistema, debería simpatizar con él.


   No creo que haya en el mundo nadie que sea más anticapitalista ni más antiimperialista que yo. Pero tampoco creo que haya nadie más pacifista ni mayor defensor del triunfo de la razón que yo. Bien es cierto que hay momentos en la vida y en la historia en los que no hay más remedio  que usar la fuerza. De lo contrario, peligra la propia supervivencia. Ejemplos han sido la guerra contra el nazismo y la actual lucha contra el Estado islámico. También sé que es muy difícil sobrevivir junto al gigante norteamericano. De acuerdo. Pero, ¿para qué envió Cuba soldados al conflicto interno angoleño? ¿Qué se les había perdido allí? ¿Acaso todas las discrepancias han de resolverse pegando tiros?

  Fidel Castro lo veía todo en términos bélicos. Siempre iba vestido de militar (salvo estos últimos años, cuando se pasó al chandal...). Para él, la justicia se conseguía luchando vestido de uniforme y metralleta en mano. Incluso cuando defendía al esperanto, lo hacía en términos bélicos: "Yo me considero un soldado del esperanto... venceréis en esta batalla..."

   Los logros sociales de la revolución cubana son innegables, sobre todo en sanidad, educación y cultura. En efecto, en países cercanos a Cuba donde nunca ha habido "regímenes comunistas" (como Guatemala, El Salvador o la República Dominicana), los índices de pobreza son mucho mayores. El que no quiera verlo, que no lo vea. Pero son datos objetivos.


  Asimismo, también son innegables las penurias de la vida cotidiana en Cuba y el daño que ha hecho el embargo. De los opositores anticastristas prefiero casi no decir nada, salvo que me parecen lobos con apariencia de ovejas, títeres del capitalismo más deleznable y enemigos auténticos de las clases más humildes y desfavorecidas. Espero que nunca alcancen el poder ni en Cuba ni en ninguna nación del mundo.

   Señor Castro: espero que usted haya sido el último defensor de ideales humanistas que haya alcanzado el poder (y se haya perpetuado en él) usando medios violentos. Porque movimientos sociopolíticos tan necesarios como el pacifismo, el ecologismo, la sociedad cooperativa (que será la alternativa  a la actual sociedad competitiva) e incluso el esperantismo se merecen un defensor más presentable.

  Eso sí, permítame que le reconozca el don de la palabra. Fue usted un gran orador. Quizá con discursos demasiado largos. Pero nada es perfecto. En todo caso, descanse en paz.



lunes, 25 de julio de 2016

  "LA PROPIEDAD PRIVADA ES UN ROBO"

   Tengo previsto analizar una serie de temas que ya en alguna ocasión he tratado en alguno de mis blogs. Pero en esta ocasión lo haré tema a tema y añadiendo algunos detalles olvidados en anteriores exposiciones. 

  Ya he pensado en algunos títulos: "Las fronteras son una línea imaginaria", "El dinero no es más que un papel", "Los dioses sólo existen en la imaginación"... Como puede observarse, todos van muy en mi línea de pensamiento. Nunca he ocultado que soy un "antisistema"... Pero también me gustaría escribir unas "Reflexiones en torno a la sexualidad" y un "Sobre la tauromaquia y otras tradiciones sangrantes... y sangrientas".

  Empezaré con un artículo al que titularé usando una célebre máxima anarquista: "La propiedad privada es un robo". Es cierto que podríamos usar también la palabra "hurto"; pero decidir qué palabra es más adecuada me llevaría una argumentación muy larga. Me inclino por la palabra "robo", porque es la usada tradicionalmente en el aforismo anarquista y porque entiendo que con frecuencia se ejerce algún tipo de violencia para perpetuar según qué derechos de propiedad. Sé que es un asunto difícil. Pero pido al lector que no se "asuste" y que trate de entender la argumentación que voy a hacer. He de hacer, no obstante, algunas consideraciones previas. Veámoslas. 

  De entrada hay que advertir que esta idea es sólo una más de entre las que son necesarias si se quiere alcanzar alguna vez una sociedad más libre y más justa. Y ya sé, de antemano y sin que nadie me lo diga, que no es posible un  mundo perfecto. Ni existe ni existirá. Ni falta que hace. Y sé que una sociedad nueva como la que propongo requiere una fase de transformación que duraría siglos... Pero, como reza el proverbio chino, "hasta el camino más largo comienza con un solo paso". No estaría de más que empezáramos por dar algún paso y elimináramos algunas ideas erróneas de nuestras mentes. (La otra opción es creérnoslo todo y no cambiar nada, ni a nivel teórico ni práctico. Y así "terminamos antes". Que cada cual elija la opción que prefiera).

   Como ya he dicho en alguna ocasión, escribiendo estos artículos yo no gano nada. Como mucho, ocupo mi tiempo haciendo algo que me gusta como es escribir. Y cumplo con lo que yo considero un deber moral de tratar de coadyuvar a un mundo mejor. Admito que todavía tengo fe en un mundo mejor basado en el triunfo de la razón sobre el miedo. Porque, amigo lector, estoy convencido de que el miedo (en sus múltiples formas) es el causante de casi todos los males.

  Sé que soy un "antisistema", en el sentido de que aspiro a cambiarlo. Pero siempre sueño con hacerlo pacíficamente y usando como única "arma" el diálogo y la razón. En este sentido, he de decir que mi hoja de antecedentes penales está limpia. Nunca he contravenido ningún artículo de ningún  código penal. Pago mis impuestos (y, además, debo decir que lo hago gustoso). Me voy a dormir a las 10 de la noche. No falto nunca al trabajo. No bebo alcohol ni tomo drogas de ningún tipo. Pero afirmo que la propiedad privada es un robo. Sí, un robo. Empezando con la propiedad que yo mismo pueda tener.

   Aclaro alguna cosa más para dejar claro que no tengo interés partidista alguno. Yo no estoy afiliado a ningún partido político ni a ningún sindicato. No suelo votar en las elecciones (sólo he votado 3 veces en mi vida y casi me arrepiento de haberlo hecho). Es evidente que yo no votaría a partidos conservadores. Pero es que los partidos tradicionales de la izquierda me parecen trasnochados en su simbología y conservadores en sus programas. Voy a tratar de explicar esta afirmación con algún detalle.

    Con lo anterior quiero decir que una sociedad nueva no puede construirse usando símbolos que huelen a enfrentamiento, a guerra, a revoluciones violentas, a dictaduras totalitarias del pasado, a atrocidades cometidas "en nombre del pueblo". Una "sociedad nueva" sólo se puede construir con símbolos pacíficos y democráticos, y usando como únicas armas la razón y el dialogo. El camino así será mucho más largo. Cierto. Pero es que no hay otra manera. De verdad que así lo creo.

    Y en cuanto a los programas de estos partidos, ningún partido "progresista" plantea nada realmente alternativo. Se limitan a prometer que habrá subsidios para los más desfavorecidos. No ponen en tela de juicio casi ninguna de las bases del sistema. Aceptan como válidas instituciones como el dinero, la propiedad privada, la competitividad, el crecimiento continuo, las patrias, la fabricación de armamento... Algunos incluso todavía aceptan creer en dioses. Supongo que, para ganar votos, no quieren asustar a nadie y, para eso, prometen que todo seguirá igual. Ni siquiera se atreverían a nacionalizar la banca. Bien es cierto que los grandes cambios sociales han de hacerse poco a poco. Pero es que lo que proponen estos partidos "progres" es estancarse de por vida ¿Acaso esperan que gente como yo les votemos? Con su postura ultramoderada ganarán más votos. Pero también habrá votos que perderán. Dejémoslo ahí.


   Por eso ya va siendo hora de que se desmonten ciertas "verdades" intocables. Que se desmonten a nivel teórico y dialéctico. Pero que se desmonten de una vez y para siempre. Si no se hace así, no podremos avanzar. Ni existe ni existirá nunca una sociedad perfecta. Pero creo que estamos casi todos de acuerdo en que sí se puede avanzar hacia una sociedad más humanista y más justa. Y para eso, créanme, hay que tener claro que, siguiendo a Proudhon, "la propiedad privada es un robo".

   ¿Por qué existe la propiedad privada? Como casi cualquier otra creación humana, esto también tiene una explicación psicológica. El origen, como casi siempre, está en el miedo y en la "prevención de males futuros". Alguien pensó en algún momento que, guardando para sí ciertos bienes, podría afrontar mejor la difícil tarea de la supervivencia. Los que estaban alrededor de ese alguien pensaron que ellos también querían tener cosas para sí cosas que sólo ellos pudieran usar y que nadie más tocara. Todos pensaron que la tarea de la supervivencia podrían afrontarla mejor de esa manera.

     A partir de ahí, las leyes de los distintas entidades políticas fueron recogiendo el derecho de propiedad como una de los grandes "derechos naturales", junto con el derecho a la vida, a la libertad, al bienestar... Haré aquí un breve inciso porque es curioso advertir cómo de entre todos los derechos fundamentales propios del "derecho natural", el de propiedad ha sido siempre, con diferencia, el más protegido de todos. Basta con pensar un poco y recordar la cantidad de veces que los gobiernos y autoridades han violentado el derecho a la vida (penas de muerte, guerras...), el derecho a la libertad (esclavitud), el derecho al bienestar (injusticias sociales, abusos cometidos por los poderosos). Pero el derecho a la propiedad privada -salvo en los casos de expropiación para obra pública- apenas se ha visto afectado nunca.

   Siguiendo con mi exposición, el derecho de propiedad se recoge ya en los códigos legislativos de la antigüedad de todas las culturas. La constituciones liberales de los siglos XVII, XVIII y XIX hacen especial hincapié en este asunto. Lo mismo hacen los grandes "filósofos del Derecho" (la lista de estos filósofos sería interminable; mencionaré sólo, como paradigma de todos ellos, a John Locke). Se instauran los registros de la propiedad, las notarías... y los tribunales de justicia, que estarán encargados de resolver los -innumerables- litigios que irán surgiendo en relación a la defensa del sacrosanto derecho de propiedad. Naturalmente, las "fuerzas del orden" velarán en todo momento por la  protección de este derecho tan esencial.

   Pero, si tal y como yo afirmo, la propiedad privada es un robo, ¿a quién se le roba? ¿Quién es el perjudicado con ese presunto robo? La respuesta es que se le roba a la colectividad, al resto de la humanidad. Me atrevería incluso a afirmar que es un robo a la razón y a la posibilidad de un mundo que no se rija por el miedo sino por el acuerdo y el consenso. Para ello veamos algún ejemplo sencillo y cotidiano.

   La vigente legislación española establece que la propiedad de las playas es pública. Sin perjuicio de que se haya admitido alguna playa privada, en general esto se cumple. Gracias a eso, todos los ciudadanos pueden disfrutar de su uso. Imaginemos que las playas pudieran ser de propiedad privada. En ese caso, un puñado de millonarios adquirirían la propiedad de las playas del país y sólo podrían usarlas ellos o bien aquellas personas que estos propietarios decidieran, normalmente previo pago de una cantidad. Y esto no es ciencia ficción. Creo que casi todo el mundo sabe que existen países donde gran parte de las playas son privadas. E incluso existen islas (sobre todo en el Caribe y en  la Polinesia, pero también en España) que son propiedad privada, normalmente de algún millonario. ¿Esto no es un robo a la colectividad...? ¿O qué nombre le ponemos?


  Muchos partidos de "izquierda" han defendido tradicionalmente que la solución a este tema es el reparto justo de la propiedad. Así, por ejemplo, en el caso típico de un pueblo donde un terrateniente fuera el dueño de casi todas las tierras del lugar, se proponía como solución (y a veces se llevó a cabo) que este "gran propietario" fuese expropiado y que sus tierras se repartiesen entre los jornaleros de la zona. Naturalmente, esta nueva situación es más "justa" que la anterior. Pero, en mi opinión, esta es un solución que sólo sirve para perpetuar el sistema. Porque entonces aceptaríamos que la propiedad privada es una institución necesaria y porque los nuevos propietarios más pronto que tarde aspirarían a aumentar su hacienda. Y siempre lo harían a costa de los demás. Estaríamos de nuevo en el punto de partida que pretendíamos evitar.

    Algunos alegarían ahora: "... es que es imposible un mundo sin propiedad privada..."; o bien "es que  yo necesito y quiero tener mi propia casa, mi propio coche, mis propias cosas...". Bien. Es normal que la gente argumente en este sentido. Yo sé que es difícil hacer cambiar de opinión a una sola  persona (¡¡¡ cuánto más costaría hacer cambiar de opinión a toda la humanidad!!!) en casi cualquier tema; y mucho más en un tema como este. Es difícil -y podría llegar a ser agotador- rebatir una idea que se sustenta en decenas de miles de años de tradición ideológica y jurídica. Pero, créanme, un mundo sin propiedad privada es posible. Hay cosas que son imposibles: ir andando a la Luna, evitar un terremoto, evitar que el sol brille... Pero un mundo sin propiedad es factible. Y necesario. 

   Y créanme, tendría muchas ventajas. No tendríamos que estar siempre preocupados con que nos pudieran robar o hurtar nuestros bienes. Eliminaríamos un montón de miedos y obsesiones. Nos limitaríamos a usar y disfrutar de las cosas. Nuestra única obligación sería darles un trato adecuado para que, en su momento, otros pudieran también usarlas. Las instituciones públicas serían las titulares de los bienes de la Tierra. Para su uso entre los individuos se establecerían normas. Sé que esto es muy complejo y muy difícil de poner en práctica. Sobre todo porque la gente no está preparada para comprender esto. Se requeriría un periodo de transición de décadas o incluso de siglos. Pero hay ejemplos en el día a día que nos pueden servir de guía. 

  Un mundo sin notarios, sin registradores, un mundo donde se eliminarían el 90% de los pleitos judiciales... Un mundo sin peleas familiares por la herencia, sin peleas de vecinos por un centímetro de tierra... ¿de verdad sería tan terrible un mundo así...? ¿A qué tenemos miedo?

   Han existido y existen sociedades donde la titularidad de los bienes corresponde a la colectividad. Los primeros cristianos lo hacían. Los kibutz israelíes de los años 50 y 60 recogían también principios de propiedad colectiva en su funcionamiento. Incluso en el día a día de casi todas las familias del mundo, los enseres de la casa son "propiedad de todos". ¿Acaso es mejor determinar la propiedad de cada plato?

  Igualmente, en tribus  "no civilizadas " (¡pobrecitos...!) de África y otros continentes las viviendas son de todos. Para usarlas, establecen un reparto: "tú usarás esta, tú aquella otra". Cuando salen a cazar, van todos juntos. Lo que cacen, es de todos. ¿Acaso sería mejor -y más "civilizado"- que a la hora de buscar el sustento cada uno fuera por su lado, y cada cual se comiera lo que cazara...?¿O que las casas tuvieran un dueño que constara anotado en un registro de la propiedad? Eso es lo que hacemos en las sociedades "civilizadas". Y basta con observar la cantidad de aberraciones e injusticias que ha provocado para concluir que lo que hacemos nosotros es un atraso. 

    El mejor ejemplo para comprender esto es el de la bibliotecas públicas. En efecto, los libros que hay en una biblioteca pública pertenecen a la colectividad (representada por un ayuntamiento o por una entidad estatal; eso da igual). Todos los ciudadanos tienen derecho a usar, retirar y leer los libros que hay en las estanterías. Todo según un reglamento de funcionamiento que corrija eventuales abusos. ¿No es esto un sistema más racional, más ecológico y más sensato que la idea de que para leer un libro hay que comprarlo, ser dueño de él y guardarlo en casa para que nadie más lo lea? (Téngase en cuenta que, si lo prestamos, nos lo podrían robar...)


  De nuevo, algunos argumentarán algo así como que "...pero es que, entonces, caería la industria del libro y se perderían muchos puestos de trabajo...". Claro. Es que para que un mundo sin propiedad fuera viable, tendrían que cambiar muchísimas cosas más. De hecho, tendría que cambiar casi todo. Habría que repartir el trabajo, dar otro sentido al dinero, establecer el decrecimiento como base del funcionamiento de la economía, eliminar la idea de competitividad y sustituirla por la de cooperación, etc, etc... ¿Un mundo imposible? No, repito que lo que es imposible es ir andando a la Luna...

   Añado unas líneas sobre la empresa privada y la "iniciativa privada" en la economía. Ello incluye hospitales privados y centros educativos privados. Yo creo que nadie ignora que el objetivo principal -cuando no único- de estas empresas es conseguir el beneficio individual y particular de sus dueños. Y ello a costa de lo que sea. A costa del interés general e incluso a costa del medio ambiente. Pese a ello, lamentablemente, la gran mayoría de la población (incluyendo ahí a los que no tienen  nada) está tan adoctrinada en favor del liberalismo económico que les parece normal y hasta aconsejable que la empresa privada sea la base de la actividad económica de un país. Aunque sea a costa de sus propios intereses. Ahí lo dejo.