No molesten, por favor...

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martes, 23 de junio de 2020

EL COVID-19 Y EL NECESARIO NUEVO ORDEN DE LAS COSAS


   Se cumplen ahora 3 meses desde el artículo en el que daba mi opinión acerca del impacto que el coronavirus podía tener sobre el mundo. Siendo yo un casi perfecto lego en la materia médica, lo único que podía recoger no eran más que un puñado de generalidades, tratando de hacer ver que este desastre debía ser aprovechado en sentido positivo para crear un mundo más solidario y más pacífico.

   Desgraciadamente, sigo teniendo escasísimos conocimientos en medicina y en epidemiología. Pero en mi faceta de observador de la realidad no puedo sino seguir constatando que, más allá de toda esta tragedia sanitaria y humana, el ser humano -si es que quiere seguir autodefiniéndose como "sapiens"- ha de abandonar para siempre "verdades intocables" que ha ido construyendo durante milenios. 

   Desgraciadamente, quienes saben de medicina auguran todavía un largo sufrimiento para la humanidad. Aquellos que dirigen el mundo deben aprovechar para sentar las bases de un nuevo orden de las cosas. Dado que el ser humano no había previsto ningún "Plan B" para cuando llegase algo así, es el momento de hacerlo ahora.

   Quienes me conocen saben que simpatizo con alguna forma de anarquismo. Y que soy agnóstico. Y que, aunque desde un punto de vista jurídico-político soy ciudadano del Reino de España, emocionalmente soy un perenne "ciudadano del mundo", a la vez que un hijo de las calles que me vieron jugar siendo niño, especialmente las calles del pueblo de mis padres. Pero soy consciente de que cada individuo puede -debe- pensar a su manera y ser distinto a mí. Y que para que la convivencia sea posible, todos hemos de dejar de lado gran parte de nuestras ideas y de nuestros deseos. El mundo no se puede construir en medio de una lucha de "unos contra otros". Son necesarios puntos de encuentro y tener muy claro que "cooperar es siempre mejor que competir".


  El COVID-19 es una pandemia que, al igual que cualquier otra pandemia, tiene el "efecto colateral" de igualar en gran medida a los habitantes de cualquier lugar donde golpee. Cierto es que los más "pudientes" económicamente pueden seguramente "escapar" a sus efectos con más facilidad. Pero tampoco es una garantía. Hemos podido ver que personas de alto nivel político, económico o social, se han visto también afectadas. Por tanto, está claro que a la hora de la enfermedad y de la muerte, la democracia se pone en práctica de manera efectiva. Sin titubeos. Sin privilegios. 

   En efecto, el virus no se detiene ante ninguna frontera, ya sea provincial o estatal; ni se detiene ante ninguna puerta; ni ante ninguna cuenta corriente. Todo lo que el "homo sapiens"(¿?) ha construido concienzudamente durante milenios se viene abajo. Y, aunque muchos tardarán en aceptarlo, el capitalismo tiene los días contados. La competitividad y el "crecimiento continuo" son ya inasumibles. El turismo de masas no volverá. La iniciativa privada no puede salir de este pozo. El poco trabajo que quede hay que repartirlo. El dinero (ese invento contraproducente que, a la hora de la verdad, no es más que un papel o un metal que no sirve para nada) ha de tener otra utilidad distinta. Como conclusión, habría que decir que los poderes públicos, en tanto que representantes del interés general, han de asumir un papel protagonista en la nueva estructuración social. No cabe otra.

   Pero, ¿qué vendrá ahora? Evidentemente, yo no lo sé. Pero desde aquí quiero exhortar a quienes dirigen los destinos del mundo para que comprendan que hay cosas que no se pueden permitir por más tiempo. Las discriminaciones por razón de raza, sexo, nacionalidad, origen social y tantas otras, han de ser descartadas para siempre. Los recursos del planeta son para su uso equilibrado entre todos sus habitantes. Sé muy bien que no es tarea nada fácil proceder a un uso justo y equitativo de los recursos; pero tan inaceptable ha de ser (jurídica y éticamente) la figura del millonario -por más "benefactor" y "filántropo" que pueda ser- como la del mendigo que duerme en la calle. Los recursos naturales son para hacer un uso racional de ellos y no para entregarlos a la avaricia de determinadas empresas e individuos que buscan solo su interés particular. 


  Y termino. Y lo hago copiando las palabras de 3 textos (los dos primeros tiene un carácter jurídico-político y el tercero es religioso) que no son nada sospechosos de ser "anarquistas" ni de ser "antisistema". Aquellas personas que critican que determinados gobiernos den ayudas a los más necesitados; aquellos que en mi país -España- aseguran defender la "constitución" por encima de todo; aquellos que todavía ligan la religión a una forma de salvación "personal" y la utilizan como arma contra alguna forma de "comunismo", por favor, que lean estos tres textos. Porque es necesario llegar a un punto de encuentro entre los distintos grupos ideológicos que existen. Y si yo, un anarquista antisistema, puede firmar como aceptables y necesarios el contenido de los párrafos que siguen, seguro que otros, ideológicamente mucho más "moderados" y "centrados" que yo, podrán también hacerlo.

Veamos esos textos:

1.- "España se constituye como un Estado social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político" (art. 1 de la CE de 1978)

2.- "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros" (art. 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos)

3.- "Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me cubristeis... De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis."(Mateo, 25, 35-40).






    

martes, 24 de marzo de 2020

REFLEXIONES AL HILO DEL CORONAVIRUS

   Hacía ya tiempo que no escribía en este blog. Pensé incluso en no añadir ningún artículo más. Pero con la crisis global producida por el coronavirus -siendo más precisos, por el COVID-19- y, tras observar durante un par de meses las reacciones de ciudadanos, gobiernos, profesionales de la salud, corrientes de opinión, etc, voy sacando algunas conclusiones que me gustaría poner por escrito. Y lo hago sabiendo que es probable que "lo peor esté todavía por llegar" y que, por tanto, muchas de estas reflexiones podrían parecer descabelladas según vayan sucediéndose las próximas fases de la pandemia.

   Yo nací en España en 1965; es decir, nací en un país "del norte" que se encontraba "en vías de desarrollo". Con esto quiero decir que no he pasado hambre y que, además, he tenido la suerte de no verme en medio de ningún conflicto armado. Cierto que he visto llegar y pasar un buen puñado de "crisis económicas" y que he seguido por los medios de comunicación un número excesivo (siempre es excesivo) de conflictos armados que se desarrollaban en distintos puntos del planeta. Pero nunca he visto nada como la alarma y la lucha actual del mundo ante el COVID-19. Y, al igual que hacen casi todos los ciudadanos, observo con interés la evolución de los acontecimientos. 



   Sin perjuicio de dar todo mi apoyo y cumplir las medidas tomadas por las autoridades, sigo pensando que la cobertura mediática que, desde su inicio, está recibiendo el coronavirus es excesiva para el grado de prevalencia que muestra la enfermedad. Por más que sean cifras altas -y muy preocupantes- las de los afectados y muertos, siguen siendo muy bajas en comparación con las cifras que ocasionan habitualmente otras enfermedades infecciosas (tuberculosis, malaria, gripe común) y los conflictos armados en el mundo. Y, sin embargo, el tiempo dedicado a estas otras "plagas" es 100 veces menor. ¿Por qué sucede esto? No lo sé. Quizá algún día pueda alguien explicármelo, aunque el hecho de que la pandemia afecte en gran medida a los países "ricos" sin duda influye en la importancia que se le está dando.

   Pero no es ese el objetivo de este artículo. Porque lo que intento con estas líneas es poner por escrito lo que voy observando en relación a las tendencias que se van produciendo en distintos aspectos: políticos, económicos, sociales, medioambientales, ideológicos e incluso éticos. Y es que podría ser que estuviéramos creando las bases para "un mundo mejor". Y puede que esas bases sean sólidas, sin derogación posterior de los avances adquiridos, como desgraciadamente ha ocurrido en estas últimas décadas con muchos derechos sociales. 

   Es decir, lo que no consiguieron los filósofos, las revoluciones, el movimiento obrero, las décadas de comunismo real, las guerras (mundiales y locales, "frías" y "calientes"), las diversas "crisis del petroleo", las frecuentes "caídas de las bolsas", el cambio climático y otras muchas enfermedades en forma de pandemias, puede que lo consiga la reacción global ante el coronavirus. Me explico.

     Trataré de ser breve y me limitaré solamente a 3 aspectos. Y así, entiendo que son realidades objetivamente constatables las siguientes:

1.- La caída en el crecimiento económico está permitiendo observar una mejoría notable en el medio ambiente del planeta. Es decir, es evidente que una caída de la producción y del consumo mejorará las condiciones medioambientales. Por otra parte, la mayoría de los ciudadanos de los países ricos empiezan a darse cuenta de que se puede vivir perfectamente sin necesidad de consumir tanto. ¿Nos acordaremos de esto cuando pase la crisis...?

      


2.- Los poderes públicos, los estados, por medio de las autoridades políticas que gestionan el interés general, son -y serán- los encargados de tomar las medidas que vayan siendo  necesarias en cada momento. No se está escatimando en gastos. Se ha establecido una "economía de guerra": todo estará al servicio del bien común y todos han de colaborar. Sin fisuras. Todo esto puede verse en medidas tan fuertes de planificación económica como las tomadas por gobiernos declaradamente "neoliberales" como los de EEUU y Alemania. (En este último caso, incluso se ha renunciado ya a la sacrosanta idea del "déficit cero". Ahí es nada.)

   Es más, cuando dentro de un tiempo pase la crisis sanitaria, las economías del mundo van a quedar tan tocadas que solo las inversiones públicas y la planificación económica podrán hacer frente al desastre. A tal efecto, los bancos centrales inyectarán a la economía cuando dinero haga falta, el cual se destinará a los sectores que se consideren más necesarios. Y el destino y la gestión de ese dinero habrán de ser controlados por el estado. Habrá de darse cobertura social a todos los nuevos desempleados. E incluso, por fin, es posible que se aborde la posibilidad de repartir de alguna  manera el trabajo. Y también es probable que se hable de extender el "trabajo desde casa" en la medida de lo posible. Veremos qué pasa en ese futuro.


  Es evidente que el coronavirus ha llegado en un momento en el que el capitalismo se encontraba en un callejón sin salida, al borde de una nueva -y quizá definitiva- recesión. Es, pues, muy conveniente replantearse qué sentido tiene que unos pocos acumulen gran parte de la riqueza y por qué se ha de permitir que existan los "millonarios", en un mundo en el que los recursos son limitados y la población no para de crecer. En en este sentido, creo -y espero- que el dinero habrá de tener una función distinta a la que todos conocemos y padecemos, en ese proceso histórico repetitivo en el que ha acabado siempre acumulado en manos de unos pocos.

  De esta forma, espero que la mayoría de la ciudadanía empiece a aceptar que el interés de la colectividad ha de estar siempre por encima del beneficio individual. Es decir, se pondrá en práctica alguna forma de "socialismo". Cierto que se llamará de otra forma, que se acuñará otro término para nombrarlo (con palabras cercanas a las ideas de "solidaridad, "fraternidad social", "colaboración", "cooperación"...). Cierto que tendrá otra simbología. Pero será algo en la línea del socialismo. La "mano invisible" de  la que  hablaba Adam Smith no tiene capacidad para remontar esta situación. 

3.- El Secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha pedido un "alto el fuego general" en los diversos conflictos armados que asolan nuestro planeta. Se trata de "unificar esfuerzos" para luchar contra la actual pandemia, que ha de ser considerada como el verdadero enemigo que tiene hoy la humanidad. En su comunicado, se aclara que la pausa en los combates "ayudará a crear corredores para suministrar ayuda vital, abrirá oportunidades para la diplomacia y permitirá llevar esperanza a los lugares más vulnerables al COVID-19". 

   Las palabras del Secretario General de la ONU suenan a gloria bendita a los oídos de un terco pacifista como yo. Quizá muchos empiecen a ver que ningún conflicto armado puede traer la paz, que los problemas solo se solucionan llegando a acuerdos y que los grandes -y casi únicos- beneficiarios de una guerra son los fabricantes y vendedores de armas.


  Para terminar, he de aclarar que quien suscribe estas líneas no explica la realidad y el comportamiento de los individuos y de las colectividades en base a "ciencias" tales como la filosofía, la política, la religión o el derecho positivo. No creo en "buenos y malos" ni en que los "ajustes de cuentas" sirvan para nada. Porque para mí todo tiene una explicación -y una solución- científica. Es decir, son la biología, la química y las teorías del aprendizaje (y del "desaprendizaje") las ciencias que explican el comportamiento. Naturalmente, eso no quita que todo haya de encauzarse, en la práctica, mediante la elaboración de planes sociales y de leyes aprobadas por los representantes políticos. Por supuesto. Pero quería aclarar dónde me sitúo ideológicamente: me sitúo al lado de la explicación científica de  la realidad, al lado de la racionalidad. 

   Aquí lo dejo. Quizá soy demasiado optimista. Ya se verá. Pero tengo esperanza en que la tragedia del coronavirus permita abrir algunas puertas a nuevas visiones de la realidad y a un mundo mejor.





   

   

miércoles, 7 de marzo de 2018

     CON OCASIÓN DEL "DÍA DE LA MUJER"

 Hoy es 8 de marzo. Son las 7 y 40 minutos. Me siento en el ordenador. Me dispongo a publicar en mi perfil de Facebook una breve reflexión de dos o tres líneas con ocasión de este nuevo Día Internacional de la Mujer. Pero pronto me doy cuenta de que necesito un poco más de espacio. Porque son varias las reflexiones que quiero hacer. Trataré de ser breve. Lo haré de manera esquemática.

1.- La naturaleza ha querido que todos seamos distintos. Pero la razón y la justicia exigen que todos seamos iguales en derechos. Y en el largo camino por lograr esa igualdad de derechos, es aconsejable que determinados individuos y determinados colectivos se beneficien, al menos de manera temporal, de una discriminación positiva.

2.- No estamos ante una lucha de hombres contra mujeres. Porque lo cierto es que hay muchos hombres que apoyan la lucha de las mujeres en la defensa de sus derechos. Y hay también muchas mujeres que, debido a razones psicológicas y culturales, de manera consciente o inconsciente, colaboran en la represión del avance de la mujer.

3.- Son muchos los enemigos que las mujeres han encontrado y encuentran a lo largo del  camino. Desde el principio de los tiempos. Y es triste constatar que, incluso hoy, en países aparentemente civilizados como los que forman parte de la Unión Europea, entre los grandes "enemigos" de los derechos de la mujer se encuentran los siguientes: los legisladores, los jueces y magistrados, los fiscales, los dirigentes religiosos y los dirigentes culturales. No todos y no siempre. Pero sí muchos de ellos y muchas veces.

4.- Algunos hombres (y algunas mujeres) se han rasgado estos días las vestiduras ante la idea de una "huelga" en el día de hoy. Esta huelga está prevista en más de 40 países de todo el mundo. Mi opinión es que, puestos a ser justos y puestos a intentar poner fin a esta vergüenza que yo llamo maltrato a la mujer, la huelga debería durar 20 años. Y me quedo corto. Quizá algunos, por fin, se enterarían de qué va esto.




5.- Insisto en que todos somos diferentes (afortunadamente) y que la igualdad no hay que buscarla de manera obsesiva, sino con todos los matices que exige la sabiduría y el equilibrio. Pero, desde luego, una sociedad no puede autoproclamarse "civilizada" mientras los maltratadores siguen en la calle y mientras las mujeres ganan un 20 o un 30% menos por hacer el mismo trabajo que sus compañeros.  Por no hablar de la explotación sexual y del acoso laboral. Y de muchas otras vejaciones, ante las que el legislador parece "mirar para otro lado". 

6.- Es evidente que el movimiento feminista puede incurrir (y de hecho incurre a veces) en contradicciones y excesos. Esto le ocurre a todos los movimientos políticos y culturales. Porque toda creación humana es, por definición, imperfecta. Y porque la realidad es muchas veces muy compleja. Pero no por ello le falta la razón en sus planteamientos y en sus exigencias. Desde luego, cuenta con todo mi apoyo. Porque aquí queda mucho por mejorar. Y no es de recibo hacer como que "aquí no pasa nada" y que todo el ideario feminista es sólo una "exageración". Aquí pasan muchas cosas y hay que solucionarlas. Y ya. 

    Lo dicho. Me sumo al espíritu reivindicativo de este 8  de marzo. No puede ser de otra manera.

lunes, 1 de mayo de 2017

   SOBRE EL "PRIMERO DE MAYO"

   Hoy es el día 1 de mayo. Lo podemos poner en mayúsculas y decir que el Primero de Mayo es el  Día Internacional del Trabajo en casi todo el mundo. Ni que decir tiene que me sumo al carácter reivindicativo de las peticiones para la mejora de las condiciones laborales y de vida  de los trabajadores de todo el mundo. Por supuesto. Entre otras razones, porque para la gran mayoría de los trabajadores del mundo, su único derecho es que hoy sea fiesta. Y algunos no tiene ni eso. Pero dicho esto, he de añadir algo más. 

    Es evidente que las ideologías tradicionales no sirven para avanzar hacia un mundo mejor. Ni siquiera las que se autodenominan "de izquierdas". Es como si la ceguera se hubiera apoderado de todo el planeta. Hasta la izquierda defiende lo mismo que la derecha. La consecuencia es la perpetuación de la esclavitud y del esclavismo. Y no sólo entre la clase trabajadora. También los "autónomos" son esclavos. E incluso los empresarios son esclavos de un sistema que les obliga a estar siempre compitiendo contra todos los demás. 


  En efecto, nadie pone en tela de juicio nada: Todos dicen sí al nacionalismo, a las fronteras, al armamentismo. Todos dicen sí a la competitividad, a la propiedad privada, al dinero como instrumento imprescindible en las relaciones sociales. Todos dicen sí al individualismo y al triunfo personal . Todos dicen sí al crecimiento continuo, a la producción sin límite, al más, más y siempre más. Como mucho, los partidos más "progres" defienden que se den subvenciones (siempre en dinero) a los más desfavorecidos. Pero no se pone en tela de juicio nada. 

     El resultado es el que vemos a diario en los noticieros: miseria, esclavitud y atrocidades aquí y allí. Sólo la obra de los poetas y de los artistas y la belleza que la naturaleza nos ofrece impiden que la sensibilidad se suicide. La inteligencia colectiva está en el cubo de la basura. La razón y el raciocinio han sido  fusiladas en el paredón  de la ignominia. La necedad y la estulticia al poder. Y así, hasta que todo reviente. El día de Navidad se celebra una fiesta y el día 1 de mayo otra. Y aquí no ha pasado nada.

    El que estas líneas suscribe tiene muchos defectos. Pero tiene al menos una virtud: la del optimismo. En efecto, ya hace décadas que nuevos movimientos sociales y éticos sientan las bases de un mundo nuevo. Apenas se notan, pero están ahí. Y triunfarán. Porque una de las principales razones que animan a luchar por la existencia es tener claro que la razón vencerá a la ceguera y que la belleza vencerá a la crueldad. Un mundo en el que frente a la fuerza se usa la razón, frente a la ignorancia se opone el conocimiento y en el que frente a las  fronteras se coloca la fraternidad. Un mundo donde todos saben que cooperar es mejor que competir. Un mundo en el que ni siquiera se necesita el dinero, porque se sabe que en un mundo regido por la sabiduría, el dinero no es más que un papel que no sirve para nada. 

  Feliz día festivo a todos.

jueves, 6 de abril de 2017

    SOBRE LAS "LEYES DE LA GUERRA"

   En los distintos noticieros del día de hoy en España se han repetido varias veces tres noticias. Por un lado, la conmoción que ha causado el uso de armas químicas en Siria,  hasta el punto de que el Consejo de Seguridad de la ONU se ha reunido con carácter de urgencia. Por otro lado, el caso de un bombero de Bilbao que se ha negado a ayudar al embarque de armamento destinado a Arabia Saudita, alegando motivos morales, toda vez que él era consciente de que esas armas iban a servir para causar muertes civiles en Yemen. Finalmente, ha habido un par de menciones a la falta de ayuda a los refugiados que huyen de los conflictos de sus países de origen.

 Como es habitual en estos casos, distintas organizaciones humanitarias y de apoyo a los derechos humanos han manifestado su preocupación. Todo esto está muy bien. Pero vamos a ver si aclaramos algunas cosas, porque algunos siguen sin enterarse. 

1.- Las armas químicas matan. Y son una aberración y una salvajada. No hay duda. Pero también matan las armas convencionales. Como también es obvio que las armas nucleares también matan. De hecho, el 99% de las víctimas de los conflictos armados las causan  las armas convencionales. Sin embargo, no ha sido hasta hoy, cuando el uso de armamento químico ha causado varios decenas de muertos, cuando algunas organizaciones finalmente han hablado. Parece que los otros miles de muertos no tienen importancia. Se consideran quizá como simples "daños colaterales" de conflictos "inevitables". (¿De verdad son "inevitables"? Ese es otro tema que da para otro artículo).

2.- Las armas que se venden a Arabia Saudita matan civiles. No hay duda. Pero también matan civiles las que se venden a Filipinas, a Nigeria y a Perú. Y a todos los demás países del mundo. Y también las que se venden a grupos "insurgentes" y terroristas. Todas las armas sirven sólo para una cosa: para matar y destruir. A civiles y a no civiles. 

3.- Los refugiados necesitan ayuda. No hay duda. Pero también necesitan ayuda los millones de seres indefensos que no han podido salir de sus países y que cada día ven cómo se descargan  sobre ellos miles de proyectiles y de bombas de todo tipo. 

    Señores dirigentes de las organizaciones humanitarias, de las ONG, de las asociaciones de derechos humanos, de partidos políticos "progresistas" y no progresistas, señores periodistas, señores ciudadanos en general: A ver si abren los ojos de una vez. ¿O es que no tienen ustedes capacidad para ver más allá de sus narices? Ya está bien de hablar de las "leyes de la guerra", porque dan ganas de reír. Esas que prohíben bombardear un hospital o atacar durante la "hora de la siesta", pero que legitiman ametrallar al "enemigo", siempre que se haga de acuerdo con el articulado del convenio en vigor. Esas que prohíben usar no sé qué tipo de gas tóxico, pero que no impiden lanzar miles de misiles sobre todo tipo de seres humanos hasta masacrarlos. 

   Los convenios de Ginebra sobre prisioneros y heridos de guerra, los distintos protocolos (también de Ginebra) sobre armas químicas y todas las demás "leyes de la guerra" no son más que una estupidez propia de la estulticia del ser humano, que pone el grito en el cielo porque se ha violado tal o cual artículo, pero que ve con normalidad cómo se descargan miles de bombas sobre poblaciones inocentes, siempre y cuando se haga de acuerdo con las "leyes de la guerra"...
  
    Algunos dirán que digo tonterías. Que soy un inadaptado. Porque todo el mundo sabe que vender tres gramos de marihuana es un delito. Pero fabricar y vender armas es un negocio perfectamente legal...Y las leyes hay que respetarlas...



sábado, 21 de enero de 2017

 OBAMA, TRUMP Y EL LIBRO DE HISTORIA

  Tengo claro que la gran mayoría de los gobernantes del mundo no son más que títeres cuyos hilos son manejados por los potentados y millonarios del mundo. El invento de la democracia sólo sirve para dar apariencia de "legitimidad" a esta realidad. A fin de cuentas, los discursos populistas arrastran con facilidad a las masas y se consigue, sin ningún problema, que salgan elegidos candidatos que presentan propuestas del tipo "bajar el salario mínimo" y "eliminar seguros médicos" gracias, en gran parte, al voto entusiasta de los trabajadores peor pagados y de los desheredados más necesitados. Basta para ello con gritar cuatro medias verdades, difundir siete mentiras y hacer uso del siempre efectivo recurso del sentimiento patriótico. Todo esto, al igual que el síndrome de Estocolmo, tiene una explicación psicológica. Y tiene también una cura después de una adecuada terapia. Pero no es ese el objetivo de este artículo.

   En efecto, escribo estas líneas para dar las gracias a Barack Obama. Porque aunque él también ha sido un títere, al  menos ha intentado llevar a cabo una serie de pequeños gestos para un mundo mejor. Una sola persona no puede cambiar el mundo. Ni siquiera puede cambiar determinados aspectos de su propio país. Pero sí puede crear un ambiente positivo y realizar pequeños gestos que permitan a los pueblos avanzar en una determinada dirección. En la dirección de un mundo un poco mejor que el que él recibió. Obama ha representado el lado más amable de la política estadounidense. Hombre equilibrado, sensato, respetuoso, partidario del diálogo con las demás naciones del mundo y defensor de los derechos sociales en su país. Hombre preocupado por conseguir proteger el medio ambiente, por avanzar en la lucha contra cualquier forma de violencia y por superar prejuicios racistas. Al menos lo ha intentado. Sus logros han sido escasos, porque la oposición a sus proyectos ha sido muy, muy  fuerte, dentro y fuera de su país. 

   Quienes  me conocen saben que yo soy un antisistema. No lo puedo evitar. Por más que la palabra suene fuerte, ser un antisistema significa que lucho (usando como única herramienta la palabra y el ejemplo) por un mundo sin armas, sin guerras, sin millonarios, sin hambre, sin esclavitud, sin ataques al medio ambiente... Un mundo en el que el uso de la razón permita al ser humano prescindir de inventos tan absurdos como el dinero y la competitividad. Alcanzar algo parecido a esa sociedad ideal es, a día de hoy (y lo será durante muchos siglos), una utopía. Lo sé. Pero, como reza el dicho, todos los caminos, incluso los más largos, empiezan por un primer paso. Y Obama podía ser muy bien ese primer paso. Por eso reitero mi agradecimiento a su labor.

    Desgraciadamente, le sucede en el cargo la otra cara de la moneda, el Sr. D. Trump. En efecto, Trump representa el lado más despreciable de la clase política de su país. Ni siquiera era querido en el ultraconsevador Partido Republicano. Un  millonario excéntrico que hace gala de un discurso racista, machista, antisocial, ultranacionalista, imperialista, antiecologista... Gana las elecciones con el voto de muchos de aquéllos a los que él va a perjudicar directamente. El discurso del miedo ha vuelto a surtir efecto. El mundo es así. Los ricos se frotan las manos y se ríen. Van a ser todavía más ricos y ello a costa de la riqueza de la colectividad. Una riqueza que ya estaba bastante depauperada, pero que va a ser esquilmada todavía un poco más. Y todo ello legalmente. Es en momentos como este cuando me replanteo si algunos aspectos de la democracia deberían ser repensados...

    Dos detalles más. En primer lugar, decir que, pese a todo, al Sr. Trump hay que darle el margen de esperar hasta ver cuáles son las medidas reales que adopta a lo largo de su mandato. Por los menos hay que concederle algunos meses de "cortesía". Tengo la esperanza de que no cumpla muchas de las "amenazas" que ha prometido. Y puede que incluso adopte alguna medida sensata. Ya se verá.

  Y en segundo lugar, que quede claro que los idiotas que ayer (aprovechando las manifestaciones que tuvieron lugar a lo largo y ancho de los Estados Unidos contra el Sr. Trump ) se dedicaron a causar destrozos y  a enfrentarse a la policía, esos idiotas, repito, son el mejor aliado que tienen políticos como Trump, ya que les permite a estos políticos usar el mensaje de que cualquier postura que no sea el "orden" que ellos proponen significa apoyar el caos.  Y decir que a esos idiotas yo los detesto todavía más que al Sr, Trump. Que ya es decir. Ni con uno ni con otros iría yo a ningún sitio. Muchas veces es mejor estar solo.




sábado, 26 de noviembre de 2016

   FIDEL CASTRO: ¿HÉROE O VILLANO?

   Fidel Castro ha muerto. Personaje amado y odiado por igual. Pero, indudablemente, pocos hombres han dado tanto que hablar como él. Creo que bien merece unas líneas en este humilde blog.

  Fidel Castro estuvo al frente de una revolución guerrillera que derrocó a un dictador latinoamericano. Una historia muy recurrente a lo largo del siglo XX. Poco original. Lo original hubiera sido hacer la revolución sin pegar un tiro. Pero eso era mucho pedir. Aparte de Gandhi y algún que otro visionario, en los años 50 la humanidad no concebía todavía la posibilidad de una revolución pacífica. Y es una pena. Porque la revolución pacífica será la única que, de verdad, venza y dure para siempre. 


   Fidel Castro luchó contra la injusticia social, contra la miseria, contra el analfabetismo, contra el imperialismo... Incluso (y lo añado en mi condición de convencido esperantista) se declaró públicamente defensor del esperanto. En principio, con estos ideales, alguien como yo, que he declarado abiertamente en numerosa ocasiones ser un antisistema, debería simpatizar con él.


   No creo que haya en el mundo nadie que sea más anticapitalista ni más antiimperialista que yo. Pero tampoco creo que haya nadie más pacifista ni mayor defensor del triunfo de la razón que yo. Bien es cierto que hay momentos en la vida y en la historia en los que no hay más remedio  que usar la fuerza. De lo contrario, peligra la propia supervivencia. Ejemplos han sido la guerra contra el nazismo y la actual lucha contra el Estado islámico. También sé que es muy difícil sobrevivir junto al gigante norteamericano. De acuerdo. Pero, ¿para qué envió Cuba soldados al conflicto interno angoleño? ¿Qué se les había perdido allí? ¿Acaso todas las discrepancias han de resolverse pegando tiros?

  Fidel Castro lo veía todo en términos bélicos. Siempre iba vestido de militar (salvo estos últimos años, cuando se pasó al chandal...). Para él, la justicia se conseguía luchando vestido de uniforme y metralleta en mano. Incluso cuando defendía al esperanto, lo hacía en términos bélicos: "Yo me considero un soldado del esperanto... venceréis en esta batalla..."

   Los logros sociales de la revolución cubana son innegables, sobre todo en sanidad, educación y cultura. En efecto, en países cercanos a Cuba donde nunca ha habido "regímenes comunistas" (como Guatemala, El Salvador o la República Dominicana), los índices de pobreza son mucho mayores. El que no quiera verlo, que no lo vea. Pero son datos objetivos.


  Asimismo, también son innegables las penurias de la vida cotidiana en Cuba y el daño que ha hecho el embargo. De los opositores anticastristas prefiero casi no decir nada, salvo que me parecen lobos con apariencia de ovejas, títeres del capitalismo más deleznable y enemigos auténticos de las clases más humildes y desfavorecidas. Espero que nunca alcancen el poder ni en Cuba ni en ninguna nación del mundo.

   Señor Castro: espero que usted haya sido el último defensor de ideales humanistas que haya alcanzado el poder (y se haya perpetuado en él) usando medios violentos. Porque movimientos sociopolíticos tan necesarios como el pacifismo, el ecologismo, la sociedad cooperativa (que será la alternativa  a la actual sociedad competitiva) e incluso el esperantismo se merecen un defensor más presentable.

  Eso sí, permítame que le reconozca el don de la palabra. Fue usted un gran orador. Quizá con discursos demasiado largos. Pero nada es perfecto. En todo caso, descanse en paz.